El pasado sábado 16 de abril, se celebró la Vigilia Pascual en la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Juntos cantamos llenos de alegría y puesta la fe en un Cristo Vivo. !Aleluya Cristo ha Resucitado¡

Forma breve del Pregón Pascual

Alégrense, por fin, los coros
de los ángeles, alégrense las
jerarquías del cielo y, por la
victoria de rey tan poderoso,
que las trompetas anuncien la
salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad, y
que, radiante con el fulgor del
rey eterno, se sienta libre de
la tiniebla que cubría el orbe
entero.

Alégrese también nuestra
madre la Iglesia, revestida de
luz tan brillante; resuene este
recinto con las aclamaciones
del pueblo.

En caso de ser un lector laico
quien proclama el Pregón
Pascual, se omiten las palabras
entre paréntesis.

(El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu).
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces y
con todo el afecto del corazón,
a Dios invisible, el Padre
todopoderoso, y a su Hijo único,
nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por
nosotros al eterno Padre la
deuda de Adán, y ha borrado
con su sangre inmaculada la
condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de
Pascua, en las que se inmola el
verdadero Cordero, cuya sangre
consagra las puertas de los
fieles.

Ésta es la noche en que
sacaste de Egipto a los
israelitas, nuestros padres, y los
hiciste pasar a pie, sin mojarse,
el Mar Rojo.

Ésta es la noche en que la
columna de fuego esclareció las
tinieblas del pecado.

Ésta es la noche que a todos
los que creen en Cristo, por toda
la tierra, los arranca de los vicios
del mundo y de la oscuridad
del pecado, los restituye a la
gracia y los agrega a los santos.
Ésta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del
abismo.

¡Qué asombroso beneficio
de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo
entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado
de Adán, que ha sido borrado
por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció
tal Redentor!

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados, lava las
culpas, devuelve la inocencia a
los caídos, la alegría a los tristes.
¡Qué noche tan dichosa, en
que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo, el sacrificio
vespertino de alabanza que
la santa Iglesia te ofrece en la
solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.

Te rogamos, Señor, que este
cirio consagrado a tu nombre
para destruir la oscuridad de
esta noche, arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del
cielo. Que el lucero matinal
lo encuentre ardiendo, ese
lucero que no conoce ocaso,
Jesucristo, tu Hijo, que volviendo
del abismo, brilla sereno para el
linaje humano y vive y reina por
los siglos de los siglos.

Amén.