Décima cuarta estación: Jesús es sepultado

Jesús es sepultado
Jesús es sepultado

Por amor se entregó. El amor le condujo al Calvario, a la Cruz. Carga con la cruz. Con qué amor la abraza, con qué amor tiende sus brazos hacia ella, y todo por amor hacia nosotros los hombres.

¿Y nosotros cómo le correspondemos? No queremos llevar nuestra cruz, se nos hace pesada. La cruz viene de Dios para nuestra satisfacción; no la rehuyamos, en ella está la salud, la vida, el triunfo, la paz. Tomemos pues nuestra cruz de cada día y sigámosle como él mismo nos lo pide.

La cruz de la enfermedad, la pobreza, la incomprensión, la soledad, y esa crucecita personal y muy mía que Tú me has regalado para mi bien…

Digámosle al Señor: Señor, que yo muera gozoso en mi cruz. Señor, que la cruz sea para mi, como lo es para Ti, cetro eterno y triunfal en el Reino de tu Gloria. Señor, ¿Por qué me pesa mi cruz?

(Pausa para meditar en silencio)

Señor, por el peso de esa cruz que Tú llevaste por amor a los hombres, te pedimos por los trabajadores del campo y de la ciudad, que no sientan su trabajo como una cruz , sino más bien como una bendición, un regalo que Tú nos das para realizarnos como hombres, para sentirnos útiles en la edificación de tu Reino. Con tu ayuda Señor quiero hacerme el propósito de hacer siempre el trabajo que me toque con alegría y buena voluntad…..

(Pausa para meditar en silencio)

PADRE NUESTRO…  AVE MARÍA…  GLORIA…
PERDÓN, oh Dios Mío! (cantado)

Todos: Adorámoste Cristo y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén